Luz, espacio y frontera

La propuesta fotográfica de Adriana Bernal ADFC en la serie nominada a los Premios TAL

Desde hace más de una década, los Premios TAL se han consolidado como el principal reconocimiento a la televisión pública y cultural de América Latina. Organizados por la Red TAL —una red que reúne a más de cincuenta canales públicos y culturales de la región—, estos premios destacan producciones que sobresalen por su calidad narrativa, su diversidad y su compromiso con las realidades latinoamericanas.

En la edición 2026, la serie Ciudadano Extranjero, dirigida por David Muñoz y fotografiada por Adriana Bernal ADFC, recibió una nominación en la categoría Mejor Miniserie o Serie Corta, un reconocimiento que pone en el panorama internacional, una producción colombiana que aborda la problemática de la migración. Si bien la categoría reconoce la serie en su conjunto, resulta imposible desligar ese logro de una propuesta visual que convierte el espacio, la luz y el color en elementos esenciales de la narración.

Temperatura del territorio

Desde el inicio del proyecto, Adriana Bernal buscó que la imagen transmitiera una sensación física del territorio. Más que reproducir fielmente la apariencia de Cúcuta, la intención era construir una atmósfera donde el espectador percibiera un entorno permanentemente tenso, un lugar en el que los personajes viven en estado de alerta. Para lograrlo desarrolló una LUT específica antes del rodaje, buscando potenciar la calidez característica de la ciudad y convertirla en una herramienta narrativa.

«Construí una LUT que me ayudara a representar la calidez de Cúcuta y que, por analogía, asociáramos esto al peligro. Quería que sintiéramos que estábamos en un sitio ‘caliente’, donde constantemente nuestros protagonistas tuvieran que estar alerta.»

A esta decisión se sumó el uso de grano y contrastes marcados que insinuaran una sensación de suciedad y contaminación, reforzando el contexto social en el que transcurre la historia. Aunque parte de la serie fue rodada en Bogotá y otra parte en Cúcuta, la propuesta consiguió construir un universo visual coherente donde el espacio se convierte en una presencia dramática más que en un simple escenario.

Encerrar a los personajes

La composición de encuadre fue otro de los pilares de la propuesta fotográfica. Desde las primeras conversaciones con el director David Muñoz, surgió la idea de utilizar el espacio para expresar las pocas posibilidades que tenían los personajes de transformar su destino. Daniela, protagonista de la historia, aparece constantemente contenida por sobreencuadres y elementos que restringen visualmente a los personajes. En contraste, Miguel —el agente corrupto de Migración— habita un universo construido desde la oscuridad.

«Intentamos encerrar a Daniela en los espacios, para mostrar las pocas posibilidades que esta mujer tenía de salir adelante. Con Miguel, el agente corrupto de Migración, el tratamiento fue distinto, decidimos mostrarlo en un mundo lleno de oscuridades, en donde la única luz estaba representada por su madre.»

La fotografía no ilustra únicamente los acontecimientos: acompaña las tensiones morales que atraviesan a cada personaje.

Produciendo significado

Para Adriana Bernal, la dirección de fotografía solo adquiere sentido cuando participa activamente en la construcción del relato, pues entiende que la imagen no está únicamente para describir la realidad, sino para producir significado.

«Creo que la fotografía siempre Creo que la fotografía siempre debe ser narrativa, es decir contar algo que vaya en el mismo sentido de la historia o, incluso a veces, en contra punteo, para resaltar por oposición. Pero sin duda debe contar, debe impregnar de sentido. La luz y el encuadre deben trascender la mera descripción.  ser narrativa. Debe contar algo que vaya en el mismo sentido de la historia o, incluso, a veces en contra punteo. La luz y el encuadre deben trascender la mera descripción.»

Y añade una reflexión que resume buena parte de su mirada sobre el cine contemporáneo:

«Descriptivo puede ser cualquiera hoy en día; describimos continuamente con un celular. La diferencia está en narrar algo a través de esas imágenes, que refuerce la historia, que la contradiga o que la ponga en duda.»

Es justamente esa búsqueda la que aleja la propuesta visual de un simple registro de la realidad para convertir la fotografía en un dispositivo dramático capaz de dialogar permanentemente con el guion.

Fotografiar también es encuadrar

Además de dirigir la fotografía, Adriana Bernal operó una de las cámaras junto a Sebastián González ADFC, una decisión que responde a una concepción integral de la imagen.

«Yo vengo de una formación donde la fotografía no se concibe sino a través de la relación intrínseca entre encuadre e iluminación. Para mí son dos elementos indisolubles.»

Aunque las dinámicas actuales de producción suelen separar ambos procesos, Bernal considera que el encuadre hace parte de la fotografía; por ende, la comunicación con el operador de cámara es fundamental. Trabajar junto a Sebastián González y David Muñoz permitió mantener una unidad visual durante todo el rodaje, incluso cuando las locaciones diferían considerablemente de las imaginadas en la etapa de preparación.

Hablar de la xenofobia

Más allá de sus decisiones formales, la propuesta visual de Ciudadano Extranjero responde al tema central de la serie: la exclusión y la xenofobia. La textura, el contraste y la oscuridad no buscan únicamente construir una atmósfera, sino acompañar el conflicto humano que atraviesan los personajes.

«La serie toca una problemática actual y dolorosa. El audiovisual es el lenguaje que mejor puede retratar lo despreciable que es la xenofobia. Vernos en ese espejo no es agradable y eso ayuda a cambiar comportamientos y a generar procesos de inclusión. Por eso la fotografía tenía algo de grano que ensuciaba ligeramente la imagen y un contraste elevado. Porque había que evidenciar las oscuridades que como sociedad debemos cambiar.»

La nominación de Ciudadano Extranjero a los Premios TAL 2026 reconoce una serie que encuentra en la imagen una herramienta para reflexionar sobre una de las problemáticas más complejas de la región. En ese proceso, la propuesta fotográfica de Adriana Bernal ADFC confirma una vez más que la cinematografía no solo acompaña la narración: también construye su sentido.

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